Golpe de realidad
Sin Factura por Marco Mizzi y Lucas Paulinovich
Con pasos apagados elegirá la esquina
donde se mezclan luces de luna y almacén
Homero Manzi
No hay afiches en las calles ni spots en los medios. En el horizonte hay únicamente una neurosis: el Mundial. Sin embargo, las piezas ya se mueven.
Año par. Los desplazamientos de la política ocurren antes, cuando la gente todavía no presta atención. Hasta el día del cierre de listas, que vendrá cuando venga el verano, si viene.
Es la parte fea de la política, la que últimamente queda bien criticar en público. En los hechos, la repudiada rosca, ese juego de tensiones, coqueteos y confesiones a media voz, tiene el valor de organizar las fuerzas de la Partidocracia.
Cuando el pitido final se escuche en el MetLife Stadium, le va a responder el eco de la pregunta eterna del poder: ¿y este a quién responde? Se complementará con otra mucho más pragmática: ¿quién lo auspicia? En la toma de decisiones suele haber improvisación. Lo que no abunda demasiado son las casualidades.
La democracia representativa funciona en varios planos. En los entresijos de esos planos, está el territorio. Un espacio sin dueño ni nombre donde vive la mayoría. Los que decidimos con un voto entre opciones preseleccionadas.
Saludarán su ausencia las novias encerradas
El mito dice que Uganda suele funcionar como espejo de los humores del país. El encanto de los mitos nunca estuvo en que fueran ciertos. Uno responde a su verosimilitud y eso basta.
El Parque Acuático funciona como sinécdoque del estado de la discusión pública. Atrás quedó la autoconciencia de una clase política que pareció entender, tras el golpazo del 2023, que debía salir al sol.
En la ciudad, hay un suicidio cada 39 horas. Pero eso no aparece en el radar de nadie. La pelea gira en torno a toboganes y playas. Fingir demencia es el deporte del momento.
La situación revela un horizonte playo. Y logra un punto de convergencia inesperado en la oposición ugandesa. Las carpas y guitarreadas en La Rambla Catalunya y los gritos indignados de las redes le ponen al presente la melancolía de las resistencias quijotescas.
Para los libertarios, la renderización de Estado viene bien para denunciar la dilapidación de recursos públicos. El repudio del gasto es su línea solista en el coro transversal de la sobriedad fiscal. La impostura de madurez indispensable para cualquier candidato que se quiera competitivo.
La Libertad Avanza, en Uganda, tiene un grupo nutrido de dirigentes jóvenes. Con más entusiasmo por las batallas culturales que formación para sostenerlas. A diferencia de la Provincia, donde la necesidad de una figura merodea desde Batistuta a Fantino, en Uganda hay una opción carismática, Juan Pedro Aleart, atrapado en los desacuerdos superestructurales de su mentora, Patricia Bullrich, y la hermana Karina, patrocinante de Romina Diez, la gran armadora.
En torno al Chico de los Mediodías II no ignoran los riesgos que lleva ser parte de las estructuras satelitales de la figura presidencial. Los libertarios saben que Aleart puede desmoronarse como el augurio de Roy López Molina en 2019.
En la vereda de enfrente, movilizado junto a los litoraleños, está Monteverde, que se crió en la arena de La Florida y aprendió temprano que toda épica necesita una reposera cerca. Tiene el mérito de haber roto la ilusión de unanimidad que marcó al Concejo durante un lustro. Fue en el apuro del 2023, con la derrota ratificada como certeza.
Posee, además, la ventaja de ser la opción casi exclusiva del todismo. También su condena. Lo que en la foto parece síntesis, en la sobremesa suele aparecer como reparto forzoso. Monteverde carga con el peso de los resentimientos internos tras su incursión al aparato justicialista. En el siguiente intento no puede perder ni diez votos. Pero su mayor problema no será ese, sino de dónde saca aunque sea uno solo nuevo.
La posibilidad de una interna se debilita a la hora de los bifes. Monteverde compró barato un edificio en ruinas. Ahora insiste en su remodelación y nadie quiere ser el que le muestre las facturas impagas. Conveniencias que esperan la resolución provincial.
La avanzada futurista por el control del Partido Justicialista, en manos desde hace dos décadas de los senadores traferristas y el rossismo, es el paso fundamental para lograr la ambicionada unidad. Claro que lo que un día se celebra como audacia, corre el riesgo, casi seguro, de transformarse al siguiente en un juicio sucesorio.
En Unidos proliferan las alternativas con más intención que respaldo. La oferta es variopinta. Está la presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck, que refleja la vocación parroquial por blanquear su centralidad. También el ministro Puccini, la variante gris del pullarismo institucional. Anita Martínez como redentora del PRO y las expectativas del salto de Federico Angelini. Incluso se insinúa el socialista Lifchitz (h), con sus proclamas de vigilantismo vecinal que fascinan al que quiere orden sin saber muy bien de qué clase.
Lo cierto es que el intendente Javkin llega al tramo final de su gestión más cómodo y más cansado. Pablito apostó fuerte y cobró tarde. En el Segundo Mandato buscó y logró refrendar la confianza mínima que supo conseguir. Llegado el caso, se ofrece en sacrificio para un Tercer Mandato. Todo sea para evitar el triunfo de los malos.
No hay que apurarse. La reforma electoral definirá el terreno antes de que nadie lo pise en serio.
El asma del otoño sacudirá su son
Pullaro encontró su fórmula para paliar las tempestades del ajuste que viene de arriba: la seguridad como capital político, las obras públicas como argumento, y las encuestas propias como acción de influencia.
La combinación tiene sus costos: las obras se financian con endeudamiento e impuestos. Y la difusión de números curiosamente favorables puede acarrear desconfianzas. El recorte a los salarios públicos y la creación de fideicomisos que recaen sobre los productores agrarios se compensan parcialmente con la pedagogía, insólita en la época, de hacerse cargo.
Claro que difundir encuestas favorables ya no ordena la agenda como antes. La narrativa comunicacional y la realidad social son cosas distintas. Eso ya fue masivamente aprendido. Ahí radica, precisamente, la utilidad elemental del paquete de reformas de seguridad enviado a la Legislatura.
El descontento del mercado laboral medido en docentes, asistentes escolares, comedores, policías, salud, judiciales y administrativos, busca compensarse con la protección ofrecida a la ciudadanía dispersa.
Es una versión local del fin del orden liberal proclamado a escalas globales. Se esperan debates intensos sobre libertades individuales, privacidad y riesgo de abusos. Los planteos de inconstitucionalidad, si llegan, llegarán tarde. El paquete devuelve la iniciativa política tras la protesta policial de febrero. Justo cuando Unidos enfrenta sus propias tensiones preelectorales.
La relación con el gobierno nacional produce fricciones que no siempre se procesan hacia afuera. La supervivencia política exige más flexibilidad que ideología. En ese terreno se dirimen los alcances de la moderación anhelada por los miembros del PRO, las redefiniciones del socialismo y los intendentes pactistas del justicialismo que navegan en busca de fondos para su lanzamiento.
El peronismo provincial transita el año par con sus variables habituales. Los adelantados bonaerenses del Movimiento Derecho al Futuro buscan sus representantes. Y observan con cinismo los alcances reales del pragmatismo federal de un Uñac.
Massa, el ministro del fracaso que casi gana, carece de credibilidad. No así de habilidad. Sabe esperar y entender las señales: la dependencia a lo Nacional continúa siendo la variable central del todismo. De ella dependerá, más tarde, la suerte de los múltiples candidatos posibles a la gobernación: Perotti, Martínez, Lewandowski, Giuliano, et al.
El peronismo, al menos, tiene una convicción. Sabe que no puede hacer nada para ganar y por eso no hace nada. Todo lo harán sus enemigos. Si las ofensas del Loquito llegaron incluso a un Empresario Ilustre, la inestabilidad puede caerle a cualquiera.
La fortuna electoral del gobierno nacional está atada a la inflación, tanto como la del gobierno provincial a la seguridad. El ajuste, la presión fiscal, la percepción de seguridad y la economía estancada, conviven en ese espacio donde la política debe operar más allá de las escenificaciones.
El suelo, todavía, parece inmóvil. Nadie está pensando a quién votar en un año. Por eso, lo que viene se dirime entre quienes tienen poder de decisión y quienes tienen poder de narración. En esa distancia es donde se esconden las sorpresas.
Falta mucho y al juego le faltan las reglas definitivas. Los vendedores de números y consultorías ofrecen su mercadería. Los medios multiplican la escena para llenar grillas. La intelligentzia del país, a esta altura reducida a coros del ex-Twitter, choca sus espadas imaginarias. La mayoría de la gente espera el partido con Argelia.
Es lo habitual. Mientras el conjunto permanece en silencio, los vacíos no se llenan. No hay encuesta paga que cubra esa brecha.
Que sea lo que tenga que ser.

